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Observatorio Punta Flecha

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Conservación de la Ballena Franca Austral

La población histórica mundial de ballenas francas australes (Eubalaena australis) ha sido calculada aproximadamente en 100.000 individuos para el año 1900 (Leatherwood, 1983).

Antiguamente, se encontraban distribuidas entre los 20° y 60 ° de latitud en los Océanos Atlántico y Pacífico Norte, Atlántico Sur, Indico Sur y parte del Pacífico Sur. En la actualidad, solo se las observa en Nueva Zelanda, Sudáfrica, Malvinas y Patagonia.
La caza indiscriminada llevó a la especie al límite de la extinción, quedando apenas 4.000 individuos (un 4% de la población inicial). La prohibición de esta práctica hace más de 70 años, ha permitido un lento crecimiento en la población, lo que abriga esperanzas de recuperación.
La conciencia acerca de la necesidad de conservar la especie ha ido aumentando, y encontrando amparo en acuerdos internacionales, leyes y decretos nacionales o provinciales, como también en declaraciones y ordenanzas municipales a favor de las ballenas.
Otra muestra de esa conciencia es el interés particular que despierta el fenómeno de los varamientos, donde se suman el esfuerzo de instituciones y particulares por salvar la vida de una ballena, especialmente desde que se han logrado algunos rescates exitosos.

Conservación – Población histórica y recuperación actual
Durante los siglos XVII y XVIII, las ballenas fueron brutalmente perseguidas, abusando de su abundancia y distribución en los mares, con el fin de comercializar su aceite, grasa y barbas.
Si bien muchas especies de ballenas sufrieron la misma condena durante esa época, las ballenas francas contaban con características únicas, la lentitud con que nadaban y la flotabilidad luego de su muerte permitieron distinguirlas del resto y ubicarlas entre las más codiciadas.
Además de la caza indiscriminada que han sufrido estas grandes ballenas, también han sido víctimas de otros factores, que, directa o indirectamente, las han colocado en grave peligro y aún en la actualidad están declaradas en estado “LRcd: dependiente de las acciones de conservación” (UICN, www.redlist.org).
Entre otras causas que atentan contra estos animales se encuentra la sobreexplotación de su principal recurso alimenticio -el krill-, el aumento del tráfico naviero y la embestida de ballenas por barcos en los últimos años, la alteración antrópica de sus áreas de alimentación, reproducción y cría, y también la contaminación de los mares.
Según las investigaciones, el período entre crías resulta en un intervalo de al menos tres años. Luego de dar a luz, las ballenas permanecen el primer año junto a sus crías. Durante este tiempo es alta la probabilidad de muerte de estos “bebés”. De hecho, se observa una tasa de mortalidad peritanal alta, aproximadamente el 18 % de los nacimientos que ocurren cada temporada (Harris y García, 1990).
Actualmente, se estima que la tasa de crecimiento anual de esta especie en Península Valdés se encuentra cercana al 7 % (Cooke et al, 1999 in press). Las ballenas francas australes se encuentran protegidas por leyes y reglamentaciones que buscan afianzar cada vez más su supervivencia y recuperación definitivas.

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